El desayuno era buffet, al igual que la comida y la cena. Cogieron un plato cada una y pusieron dos croissants en él. Había dos máquinas de zumo, pero una de ellas tenía una cola enorme, así que corrieron a la otra. Justo en el momento en el que llegaron, dos chicos se pusieron delante de ellas.
-Mierda -soltó Amanda.- Ahora hay que esperar.
El primer chico cogió su zumo y se fue. Amanda miró al segundo chico. No estaba mal. El chico se dio la vuelta y las miró.
-Podéis coger vosotras primero -les dijo, en inglés. Amanda le sonrió con un "gracias" y cogió su zumo.
El chico del zumo no era inglés, ni español. Probablemente, sería ruso. Mientras Andrea cogía su zumo, Amanda abrió ligeramente la boca para preguntarle el nombre, pero la cerró de inmediato. Mejor que fuese 'el chico del zumo', quedaba mejor.
-Acabo de ver a los españoles, en esa mesa -dijo Andrea señalando una mesa en medio del comedor. -¿Vamos con ellos?
Amanda se encogió de hombros, mientras pronunciaba un "adiós y gracias" en su perfecto inglés al chico del zumo.
Cuando llegaron a la mesa, saludaron a todos y se sentaron con ellos. Damiá, un chico catalán de ojos azules, le señaló a Andrea una silla libre al lado suyo. Ella sonrió y se sentó donde él le había indicado.
-Amanda, tú puedes sentarte aquí, al lado mío -le dijo Gloria, la salamantina de su grupo.
-Claro, gracias.
Amanda respondió, sin saber en realidad que lo hacía. A pocos metros de ellos, en una mesa, estaba sentado ese chico tan guapo de su grupo del que aún no sabía el nombre. Era rubio, alto, sus ojos azules eran preciosos y su piel era igual de blanca que la suya. No estaba segura, pero creía haber escuchado en alguna parte que era escocés. Iba siempre con otros dos chicos, que estaban con él en la mesa en ese momento. Los dos eran mas bajos que él, pero más altos que ella, aunque no mucho, y eran ingleses. El rubio con ojos azules se llamaba Josh y el otro, de pelo y ojos marrones, Oliver.
De repente, mientras miraba exageradamente sin darse cuenta, Josh miró hacia donde estaban ella. Rápidamente, desvió la mirada a sus croissants, pero era tarde, ya la había visto. Por primera vez desde que empezó el campamento, pusieron música en el comedor. Era una canción en español. Se fijó en la letra y, aunque le costó, adivinó cuál era. Una de sus favoritas de El Canto Del Loco, Aunque tú no lo sepas. Una pena que el chico guapo de su grupo, que ahora estaba mirándola y sonriendo, no entendiese la letra, pensó. "Aunque tú no lo sepas, me he inventado tu nombre". Era exactamente lo que sentía.
-Cameron -le llamó Álvaro, el staff de su grupo.
Así que el rubio guapo se llamaba Cameron. Amanda sonrió y apoyó la mejilla en su mano. ¿Había posibilidades de que alguien cómo él se fijara en alguien como ella? Era pelirroja, sí, pero teñida. Tenía pecas, sí, pero no muchas. Su piel era blanca, sí, pero sus ojos marrones, y no estaba tan delgada como las chicas con las que seguramente él había salido. No tenía posibilidades, debía asumirlo.
Álvaro les hizo una seña a Josh y a Oliver para que fuesen a donde estaban Cameron y él. Les dijo algo parecido a "Pensáoslo y me contestáis mañana, ¿vale?". Ellos asintieron con la cabeza. Pero... Álvaro lo había dicho en español. ¿Ellos hablaban su idioma? Al salir del comedor para volver, supuso Amanda, a las habitaciones, Cameron se dio la vuelta y la miró. La miró. Tal vez sí que había entendido la letra de la canción y tenía posibilidades, después de todo.
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