sábado, 5 de octubre de 2013

1. 'Busca a la chica con la sonrisa rota, pregúntala si quiere quedarse un rato.'


Abrió los ojos y sonrió. Hacía tiempo que no sonreía de esa manera. Cogió su móvil de la balda en la que lo dejó al irse a dormir, al lado de la cama, boca abajo. Pudo ver su funda, aunque borrosa porque los ojos aún no se le habían acostumbrado. Era negra y, en letras blancas, estaba su nombre escrito: Amanda. Miró la hora y la fecha. 7:30. 2 de julio.
Hacía dos días había llegado a un campamento de inglés en Barcelona, dispuesta a pasar las mejores dos semanas de su vida junto a su mejor amiga, Andrea. En ese campamento había gente de todo el mundo: rusos, americanos, españoles, ingleses...
El primer día les dieron una habitación, la 209, que compartían con dos rusas: Anna y Annia. Las dos tenían la misma edad que ellas. La más bajita, Annia, era rubia con ojos azules y su piel era muy blanca. La más alta, Anna, era todo lo contrario. Ella tenía el pelo castaño, del color de sus ojos, y la piel ligeramente morena.
También les habían dividido en grupos. Les habían reunido a todos en el jardín la primera noche y les habían ido llamando por sus nombres y apellidos según en el grupo en el que estaban. Cada grupo lo llevaba un monitor, al que ellos llamaban staff.
Andrea y Amanda se sentaron en la hierba con una chica que acababan de conocer de su misma ciudad, Inma. Ellas pensaban que les iba a tocar en el mismo grupo, pero dijeron el nombre de Amanda y no el de Andrea, en el grupo de Álvaro.
En su grupo había dos españolas (Gloria, de Salamanca, y Lea, de Cataluña), un escocés guapísimo en el que Andrea y ella ya se habían fijado, pero del que no sabía el nombre, uno de Croacia que se llamaba Bruno...
Andrea estaba en el grupo de Toñi, una chica de unos 25 años. En su grupo había dos catalanes (Gerard e Ignasi), una chica muy mona de Nueva York que se llamaba Haley, un chico de California...
Alguien tocó la puerta y gritó un "¡Levantaos!". Eran las ocho y cada mañana a esa hora un staff les levantaba a gritos. Annia se levantó a abrir la puerta, como cada mañana, porque era la que más cerca estaba de ella, y luego, cuando el staff se fue, se volvió a la cama.
Amanda se levantó, cogió su neceser y cerró la puerta del cuarto de baño después de entrar en él. Dejó el neceser en el lavabo y se quitó el pijama naranja y blanco que se había comprado dos semanas antes de marcharse. Se metió en la ducha y empezó a lavarse el pelo con el champú que había dejado en una esquina de la ducha hace dos días, al instalarse.
No sabía por qué, pero siempre escuchaba música cuando se duchaba. Una costumbre, suponía. A Amanda le encantaba cantar y no lo hacía mal, la verdad. Se le había olvidado coger el móvil, así que no podía poner música, pero sí que podía cantar.
-Beauty queen of only eighteen, she has some trouble with herself -empezó a cantar. She will be loved era una de sus canciones favoritas desde hacía ya un tiempo. -I don't mind spending every day out of your corner in the... -De repente paró de cantar. Cerró el grifo y escuchó. Alguien en la habitación de al lado, la 208, estaba cantando a la vez que ella, su misma canción. "¿Me habrá escuchado cantar y al darse cuenta de qué canción era ha seguido cantándola?", pensó.
Era una voz grave. De un chico, seguramente. A Amanda le pareció una voz bonita, clara, perfecta.
La voz se paró justo antes del primer 'she will be loved'. ¿Y si seguía la canción? La siguió. Amanda, intentando no desafinar ni un poquito, cantó el 'she will be loved' más perfecto que había cantado nunca. Él le contestó con lo mismo.
-Amanda, sal. Que falta poco tiempo y yo aún no me he duchado -le gritó Andrea. Tenían que desayunar, habían quedado en el hall para ir a las clases en el edificio de al lado a las 9:15 y ya eran las 8:30.
Amanda salió de la ducha, se envolvió en una de las toallas blancas que había, cogió el pijama que antes se había quitado y abrió la puerta. Inmediatamente, Andrea entró corriendo y cerró la puerta. Ella se rió. Qué chica.

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